La Convergencia
¿herramienta o condena?
Convergencia
es un concepto tratado por Henry Jenkins en su libro “Convergence Culture”
publicado en el año 2006. Es una palabra que logra describir los cambios
tecnológicos industriales, culturales y sociales en función de quienes hablan
de aquello a lo que crean estar refiriéndose.
La
convergencia se produce en el cerebro de los consumidores individuales y
mediante sus interacciones sociales con otros. Cada uno de nosotros construye su propia
mitología personal a partir de fragmentos de información extraídos del flujo
mediático y transformados en recursos mediante los cuales conferimos sentido a
nuestra vida cotidiana.
Esta conversación crea un murmullo cada vez
más valorado por la industria mediática.
La convergencia, en particular para el tema de
la violencia de género en los medios de comunicación, es un arma de doble filo. Como todo, en la
medida que sepa ser usado va a ser un beneficio para la causa, pero sabemos que
la falta de información, de noción, que
se tiene sobre el poder de este fenómeno
puede ser perjudicial.
Para visualizarlo
recordare dos casos claros del fenómeno de la convergencia que tuvieron lugar
en nuestro país. A principios de este año se conoció en Uruguay una original
denuncia realizada en Argentina: “Si te incomoda leerlo, imaginate escucharlo” es el nombre de una provocadora campaña gráfica contra el acoso
callejero que invita al lector a ponerse en la piel de cualquier mujer que
soporta todo tipo de comentarios por parte de desconocidos.

Esta
iniciativa nació en manos de la socióloga peruana Elizabeth Vallejo, en
conjunto con la ONG “Stop Street Harassmen” (Pare el hostigamiento), y al día
de hoy ya son varios los países que se han sumado, en su gran mayoría,
latinoamericanos.
En nuestro
país esta campaña se conoció mediante la red social facebook, donde, se
reprodujo con un gran éxito, generando una variada respuesta desde la opinión pública,
con posturas muy diferentes.
Un segundo ejemplo que podemos utilizar para ver como este fenómeno
puede ser nocivo, es el caso de Amanda Todd.
Amanda fue 'linchada' socialmente
tras la publicación de una foto en topples que hizo frente a la webcam para un chico
que le gustaba.
En el vídeo que la adolescente colgó en Youtube en el
año 2012 relata la presión que venía soportando desde hacía tres años por parte
de sus compañeros de escuela de manera personal y mas que nada tras las redes
sociales. Tanto asi que por mas que Amanda y su familia se mudaran mas de una
vez para comenzar una nueva vida y olvidar el hostigamiento sufrido, el video
se infiltraba nuevamente en sus vidas retomando el acoso hacia ella.
Lo más triste es que el video se hizo famoso cuando se corrió la noticia
de que Amanda finalmente se había suicidado por no poder soportarlo.
Sin ir más lejos nuestra sociedad pudo vivir este fenómeno muy
claramente este verano cuando varios videos de adolescentes manteniendo relaciones sexuales fueron
publicados y difundidos mediante la aplicación whatssap.
No conformes con esto se divulgo también todo tipo de información de las
protagonistas (mientras que en el video aparecían hombres y mujeres, siempre las
hostigadas fueron las mujeres) datos personales y de las familias, direcciones
de los hogares y los centros de estudio.
Jenkins en su libro presupone que los individuos aparentemente
no tienen la posibilidad de ser comunicadores de masas, pero en realidad
podemos llegar a tener tanta influencia como las grandes editoriales o
productoras y más.
Estos sucesos se destararon y reprodujeron globalmente
mediante las diferentes redes sociales, la información surge ante todo atreves
de vivencias y opiniones personales. No son los temas de interés general como
la economía y política pero acaparan la atención siendo noticia y tema de
debate social. Tanto así que en estos últimos años y gracias a esta publicidad
el tema de la desigualdad y violencia de género ha quedado instalado como tema
de debate e interés público.

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